Cuando la vida tiembla, aprendemos a hacer equilibrio: Una tarde en la Escuela de Circo Teatro
- Sammy Coral

- 23 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Si caminas por las calles de Altos de la Florida, la realidad a veces pesa. Las preocupaciones de los adultos se filtran en la vida de los niños, y el estrés parece ser el aire que se respira. Pero entonces, un par de tardes a la semana, sucede algo mágico.
Un espacio común se transforma. Aparecen pelotas de colores, telas, zancos y colchonetas. Es nuestra Escuela Circo Corporal, y aquí, las reglas de la gravedad (y de la vida cotidiana) cambian.
El circo como escuela de vida.
Para muchos, el circo es solo entretenimiento. Para nosotros, es una herramienta de construcción humana. Cuando un niño intenta subirse a los zancos por primera vez, no solo está entrenando sus músculos; está entrenando su tolerancia a la frustración. Cuando una joven logra hacer malabares con tres pelotas después de cien intentos fallidos, está reescribiendo su narrativa interna de "no puedo" a "soy capaz".
En el circo no hay competencia, hay "troupe". Aprenden que si uno cae en la pirámide humana, todos caen. Aprenden a confiar: en el compañero que los sostiene y, lo más difícil, en sí mismos.
Transformando el miedo en aplausos.
Ver sus rostros cambiar cuando logran el truco, ver cómo sus cuerpos, a veces encogidos por el entorno, se estiran con orgullo, es la prueba de que el arte salva. No estamos formando necesariamente artistas de carpa; estamos formando seres humanos resilientes que saben que, aunque la vida tiemble bajo sus pies, ellos tienen las herramientas para recuperar el equilibrio.
Cada risa en este taller es una victoria contra la desesperanza. Y tú, con tu apoyo, eres parte de esa red de seguridad que les permite saltar más alto.


Comentarios